Fue en el GP de Bélgica donde comenzó todo. Allá por la temporada de 1991. en ese entonces, la dupla del equipo Jordan que ese año había incursionado en la F1, la formaban Andrea de Cesaris y el belga Bertrand Garchot. Pero este último tuvo un altercado en la vía pública con un taxista, fue rápidamente condenado y Jordan tuvo que salir apresuradamente a buscar un piloto de pago y fue así que llamaron a un tal Michael Schumacher. Campeón en 1990 de la F3 alemana entre tantos éxitos, que había corrido en la categoría de super turismos compartiendo techo con otros dos alemanes: Heinz Herald Frentzen (a quien dicho sea de paso le robo la mujer) y Karl Wendingler.
Schumi sorprendio a propios y extraños el viernes, en su primer fin de semana con la F1. Logró el séptimo mejor tiempo de la clasificación. Rápidamente, de lleno, se metía entre enormes apellidos como eran Senna, Prost, Piquet, Mansell. Luego el domingo apenas avanzó unos metros, dado que se quedó sin embrague. Pero en el paddock ya había avanzado demasiado ese fin de semana y el resto de la historia ya la conocemos.
Lo cierto es que en el mismo escenario que hace dos décadas, el 'Káiser' estará convidando a todos con un trago en la barra.
“Será un momento especial para mí. Invitaré a todo el paddock a una bebida el sábado por la noche”, afirmó el alemán en el evento de Mercedes del fin de semana, el Stuttgarter Sternstunden. Además, los aficionados podrán comprar la gorra negra y dorada en motivo de éste aniversario tan señalado.

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