El piloto más ganador de todos los tiempos ha llegado a lo que es, en parte por Ferrari. Y Ferrari ha sido lo que fue en la década del 2000, en gran parte por Michael Schumacher.
Se deben mutuamente, y se van a reconocer siempre mutuamente. Hoy Schumi está en Mercedes, terminando su carrera donde empezó todo. Hoy Maranello acoge a Fernando Alonso, hombre que se quedó con lo que hubiera sido el sexto título del alemán con una rossa.
Schumi logró en Ferrari cinco títulos consecutivos entre 2000 y 2004, 72 de sus 91 victorias durante su carrera en las 11 temporadas, 58 poles, 53 récords de vuelta, 116 podios en 180 carreras. No habrá piloto que vuelva a superar estos números en Ferrari. No habrá piloto que pueda igualar estos números con otros equipos.
Hoy en Maranello se habla de familia cuando se hace mención al equipo y Schumacher tiene mucho que ver con ello.
“Siempre habrá una parte de Ferrari junto a mí, una parte de mi corazón siempre será de color rojo," declaraba Michael citado en el Ferrari Opus, en un extracto revisado por el diario británico The Independent.
“La Scuderia tiene un vínculo muy especial, hablan de sí mismos como una familia, una familia de la que me he sentido parte durante mucho tiempo, y de la que todavía me siento parte. Mi tiempo con Ferrari fue maravilloso. Encontré amigos y he tenido experiencias que no me gustaría perder. Aprendí conceptos que nunca había contemplado antes de llegar a Ferrari: el mito, el culto, la historia.”
“Nada de eso había significado mucho para mí, nunca me había preocupado por ello. Pero una vez que experimenté en mis propias manos la importancia que Ferrari tenía para Italia y los tifosi, sólo entonces comprendí que estos conceptos estaban bien justificados. Generaron la pasión por los motores y por los coches a aquellos quienes construían estos coches.”
“Entiendo bastante bien esa pasión. Mi gran pasión son las carreras, y en eso somos muy parecidos.”

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